Noches de angula
Ribadesella inicia estas semanas una de las actividades económicas que, con carácter cÃclico, se repite todos los inviernos. Un proceso en el que participan centenares de vecinos con la intención de mejorar sus cuentas domésticas. Y es que la pesca de la angula en Ribadesella se está acercando a la imagen que todo el mundo tiene de las esforzadas, ilusionantes y, en la mayorÃa de los casos, desafortunadas campañas de los buscadores de oro. La escasez de capturas constatada año tras año está poniendo en riesgo el sustento de un gran número de familias. La última costera, la de 1998-1999 se saldó con un balance negativo. Los profesionales locales ingresaron la pasada temporada once millones de pesetas menos que en el 97.
La lonja riosellana compró y, posteriormente, vendió 1.329 kilos de angula a lo largo de la costera. Una cantidad que fue recogida pacientemente a pie de rÃo a lo largo de seis meses de campaña: de octubre a marzo. El precio medio bajó sensiblemente con respecto a lo que venÃa siendo habitual a lo largo de la presente década. El kilo de angula se pagó a una media de 26.639 pesetas. La cotización máxima alcanzada en un dÃa no sobrepasó las 40.000 pesetas, 10.000 menos que en la mejor jornada del año precedente. Al final se alcanzó la cifra de 35 millones en ventas. La temporada anterior 46.
Uno de los condicionantes de la tendencia a la baja en el precio estuvo marcado por la decisión de los intermediarios japoneses de no pujar por el «oro blanco» del Cantábrico. Los nipones se decantaron por la costera francesa, que fue más abundante.
Todos estos aspectos aportan una nueva dimensión a la problemática de la angula. Un fenómeno que año tras año se revela como explicación sintética de un cúmulo de fenómenos locales. Y es que, tal y como afirma Manuel del Torno, patrón mayor de la cofradÃa, «la angula quita mucha fame en Ribadesella y es un ingreso importante para los comercios durante la época invernal. Aquà no hay industria y se crean muy pocos puestos de trabajo indefinidos».
Además, esta escasez viene generando conflictos crecientes entre los propios pescadores, evidenciando las tensiones que se crean en torno a unos beneficios cada vez menos cuantiosos. Durante esta costera ha alcanzado especial virulencia el enfrentamiento entre profesionales y deportivos. Los primeros han exigido hace unos meses, con Manuel del Torno a la cabeza, que la Dirección Regional de Pesca suspenda las licencias deportivas. En la cofradÃa se piensa que la palmaria disminución de capturas que se registra cuestiona en gran medida el cuarto de kilo de angula que se permite a los pescadores deportivos. Los profesionales reiteran que ellos llegan en contadas ocasiones a esas cantidades y, por ello, piden un mayor control de la actividad deportiva en zonas reservadas a profesionales. Además, advierten que en noches de «oscurada», cuando abunda la angula, los deportivos y los furtivos aumentan sus efectivos en la rÃa de manera ilegal.
Lo cierto es que, dejando aparte los factores sociales, en la pesca de la angula confluye toda una conciencia ecológica nacida alrededor de la rÃa. La degradación del hábitat quedó suficientemente contrastada hace más de un año, cuando de forma misteriosa desapareció de la misma la «xagorra», el clásico gusano de pesca. A dÃa de hoy todavÃa no se han dejado ver signos de recuperación de una especie que es procreadora al máximo, pero de la que ya no queda ni rastro. Los pescadores conocen el problema de la contaminación, y aunque no quieren aventurarse en acusaciones particulares, todos tienen sus propios culpables. Desde la cofradÃa se estima que la contaminación podrÃa estar condicionando claramente el ciclo biológico de la angula.
La pesca de esta especie ha sido, es y parece que será un compendio que ejemplifica las limitadas estructuras económicas de todo un pueblo, algunos procesos de dudosa transparencia empresarial y la tendencia hacia el deterioro de ciertos cauces fluviales. Todo un fenómeno a analizar con cautela y buenas dosis de honestidad.















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