El amor en los tiempos de Bill Gates
¡Alerta Informática! El virus más devastador que campa por sus respetos sobre la faz de la tierra desde que el mundo es mundo, también se inoculó en Internet: el candoroso amor. Y es tan contagioso que son legión los cupidos cibernautas que navegan con el carcaj atiborrado de flechas en busca de nuevos mundos, surcando el proceloso piélago tecnológico, para satisfacer su insaciable inclinación a la conquista.
En el kilo aproximado de masa cerebral que tenemos por chistera trabajan entre diez y quince mil millones de neuronas capaces de efectuar 100.800 conexiones, generadoras de todo un universo de emociones. Ahora, entre dos personas podemos interponer una inteligencia artificial, con arterias de cobre y corazones de silicio, para lograr relaciones virtuales, es decir, contactos y enlaces con personas que jamás hemos visto o “examinado”.
Mi vecina partió hace unos dÃas a Ciudad de México para conocer fÃsicamente a un individuo con el que ha jugado, discutido, reÃdo, conversado sobre innumerables asuntos, y que sin embargo no conocÃa fÃsicamente. Yo me pregunto si las carnes se chamuscarán con los adobos propios de una salsa precocinada o disfrutarán para siempre del delicioso manjar de la vida. Sólo sé que aún no ha regresado de este amor en Internet.
Al parecer las sutilezas de lo emocional y espiritual pueden atravesar los complejos filtros tecnológicos, pues hasta el Creador, omnisciente incluso en los intrincados laberintos informáticos, puede conceder la absolución al penitente a través de la red mediante la intercesión de sus ministros, investidos con rango de operadores computistas.
Las relaciones electrónicas, para algunos frÃas e impersonales, resultan para otros roces extraordinariamente seductores y atractivos, pues es mucho más intenso el magnetismo generado por lo oculto que por lo explÃcito. Ahora bien, la sugestión y el atractivo al asomo de una cortina tecnológica no dejan de dispensar riesgos.
“Lo que realmente es valioso es la intuición” difundió Albert Einstein; empero, las decepciones pueden ser mayúsculas al no existir una brújula que nos oriente hacia un norte magnético inequÃvoco, pues… ¡nunca sabemos quién se oculta tras un biombo!
¿Ud. serÃa capaz de enamorarse a través de la red?
¿Considera insensatos a los que asà hacen?
¿Conoce los resultados de alguna de estas experiencias?
ArtÃculo publicado por Javier Villar Rubio
















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